Como Se Estudia la prehistoria y su teoria

El estudio de la prehistoria comenzó en el siglo XIX en Francia , Inglaterra y Bélgica, con el análisis de la edad de las rocas y su relación con fósiles humanos y utensilios antiguos que se encontraron cerca de estos restos.
Los paleontólogos se ocupan más directamente de la prehistoria. Estos científicos estudian los Fosiles de los animales y de los primeros seres humanos. Los fósiles humanos tienen mucha importancia porque a los científicos les interesa la relación del ser humano con otros primates. Hay semejanzas y diferencias entre el cráneo y los huesos de diversas especies, y cuantos más restos fósiles se encuentran, más se complican las conexiones entre ellas. Los primeros seres humanos también dejaron otros indicios de su existencia y de su forma de vida: los objetos que fabricaron y emplearon, es decir, los útiles, las viviendas y el arte. 

El estudio de los materiales que dejaron los seres humanos se denomina arqueología, la ciencia que más explicaciones puede darnos sobre el pasado prehistórico de la humanidad. La arqueología sirve para examinar cualquier período del pasado humano del que hayan quedado restos materiales.
Otra disciplina que sirve para la prehistoria es la antropología. Según algunos antropólogos, se puede aprender mucho sobre los hombres y mujeres de la antigüedad observando a los pueblos que en nuestros días siguen viviendo en circunstancias similares a las de las épocas prehistóricas. Sin embargo, no se puede concluir que la vida actual de estos grupos humanos sea igual al de seres humanos en la prehistoria.
Los geólogos, por su parte, se dedican el estudio de la forma de la Tierra, de las rocas, del suelo, minerales, etcétera; pero también pueden explicar detalles muy importantes sobre el pasado humano, como los cambios climáticos, la antigüedad de ciertos niveles de roca y, por consiguiente, la edad de los objetos incrustados en ellos.
Durante muchos años, el único método fiable para ubicar históricamente los restos del pasado consistió en observar detalladamente dónde y cómo se habían descubierto dichos restos. En la mayoría de los casos se fechaba partiendo de la suposición de que los objetos encontrados en la Tierra podían ordenarse en secuencias según los niveles en los que se hallaban. Los situados en los niveles superiores debían ser posteriores a los de los niveles inferiores. Algunas veces, cuando se encontraba un objeto que podía fecharse con seguridad (una moneda, por ejemplo), también podían establecerse fechas absolutas aproximadas en la serie de secuencias así extraídas.
Éste constituyó durante mucho tiempo el método más importante para estudiar el pasado remoto, pero era un método muy complicado porque había que contrastar miles y miles de hallazgos para ordenar las pruebas de tal modo que cada una de ellas encajara. Sin embargo, en los últimos años la situación ha empezado a cambiar gracias a nuevos métodos de análisis. Uno muy importante es el de la datación por medio de la radioactividad. La forma más extendida se llama datación por el radiocarbono.

Determinar exactamente cuándo se originaron los primeros seres humanos(hominidos), es un punto bien difícil de decidir, ya que no existen evidencias científicas absolutas en apoyo de una de las varias teorías existentes. Las que gozan de mayor credibilidad se apoyan en descubrimientos arqueológicos, geológicos y bioquímicos que se interpretan dentro de una amplia visión evolucionista. Sin embargo imaginate un reloj cubriendo un día de 24 horas, de 12:00 de la medianoche a 12:00 del medio día y poco antes de la 12:00 de la medianoche faltando apenas unos minutos para terminar un (1) día entero, es que llega el hombre a la tierra. Somos posiblemente la ultima especie animal en poblar el planeta despues de mas de 4,500 millones de años.
Durante el Mioceno, penúltima etapa de la Era Terciaria, proliferaron los primates, que vivían en los árboles, alimentándose de frutos, casi sin predadores. Pero hace unos 14 millones de años muchos se vieron obligados a abandonar su hábitat arbóreo. De esta época datan los restos más antiguos conocidos de una especie de primate llamada Ramapithecus, que pobló buena parte de Europa, África y Asia. En su esqueleto se advierten vestigios de posición erguida.
¿Sabías que?
Durante la segunda glaciación (entre 600.000 y 300.000 años atrás), el número total de habitantes del planeta nunca debió de superar el medio millón.
El Ramapithecus se extinguió hace 8 millones de años, pero hubo otras especies que sobrevivieron más o menos tiempo. En general, estos monos cazadores reciben el nombre de homínidos.
Desde hace unos 6 millones de años fueron apareciendo en el este de África varias especies de homínidos agrupadas por los biólogos bajo el género Australopithecus, que fue adquiriendo la postura erguida como postura habitual y su capacidad craneana fue aumentando.
Poco a poco, los Australopithecus fueron ocupando todo el este de África, desde Etiopía hasta el extremo sur. Hace unos 2.5 millones de años apareció entre ellos una nueva especie que ya no puede englobarse en este género. Se trataba del Homo habilis, al que los biólogos le han asignado el nuevo género llamado Homo.
Reconstrucción, a partir de los restos encontrados, de “Lucy”, un Australopithecus afarensis que vivió entre 3 y 3.6 millones de años atrás.

Craneo de un Homo habilis

El Homo habilis

El Homo habilis superaba a los Australopithecus en capacidad craneana y en inteligencia. Fue el primer homínido que aprendió a tallar piedras para hacerlas cortantes o punzantes. Dispuso así de armas de caza más eficientes.
Con la aparición del género Homo y su habilidad para fabricar útiles de piedra se inicia la llamada Edad de Piedra, cuyo primer periodo se conoce como Paleolítico y cuya primera etapa, a su vez, es el Paleolítico inferior.
El Homo habilis se extendió con rapidez por los territorios habitados por los Australopithecus. Poco después de su aparición se produjo un drástico cambio climático: las temperaturas descendieron notablemente en todo el planeta. La Tierra ya había pasado por varios periodos de frío, conocidos como glaciaciones, algunas de las cuales habían extinguido a varias especies, pero esta era la primera que enfrentaban los homínidos.

El Homo erectus

Los hombres de la prehistoria fueron polígamos durante la mayor parte del Paleolítico. La monogamia se remonta a hace ‘solo’ unos 20.000 años.
Las condiciones de vida empeoraron. La caza fue más escasa y los inviernos eran periodos de hambre. Pese a ello, los homínidos se adaptaron a las circunstancias. Más aún, en plena glaciación, hace 2 millones de años, surgió una nueva especie del género Homo: el Homo erectus. Con él da comienzo la Era Cuaternaria, cuyo primer periodo se conoce como Pleistoceno.
La glaciación duró cerca de un millón de años, es decir, hasta hace 1.5 millones de años, pero la Era Cuaternaria reservaba cuatro glaciaciones más, separadas por breves periodos interglaciares.
La primera glaciación de la Era Cuaternaria se inició hace algo más de 1 millón de años y fue más intensa que la anterior. La competencia entre las distintas especies de homínidos terminó con la extinción de los Australopithecus hace 1 millón de años y la del Homo habilis hace 800.000 años. El Homo erectus sobrevivió, entre otras cosas, porque aprendió a valerse del fuego. La glaciación terminó hace unos 700.000 años y no debió de pasar mucho tiempo hasta que el Homo erectus aprendió a controlar el fuego.
La segunda glaciación de la Era Cuaternaria se extendió desde hace 600.000 años hasta hace algo más de 300.000 años. Durante esta época, el Homo erectus aprendió a organizarse para cazar grandes mamíferos.
La adversidad climática no fue un obstáculo serio para el Homo erectus, que empezó a proliferar; pero se encontró con que cada pequeño grupo requería una gran cantidad de territorio para cubrir sus necesidades, por lo que se extendió de manera paulatina por toda la Tierra.
Tras un breve periodo interglaciar sobrevino la tercera glaciación, desde hace algo más de 200.000 años hasta hace algo más de 100.000 años. A su término, el Homo erectus ya ocupaba medio planeta: poblaba toda África, buena parte de Asia y casi toda Europa (excepto el norte). También había aprendido a fabricar cabañas, que reemplazaron a las cuevas como refugio.

El Homo sapiens

Durante la Tercera Glaciación surgieron las primeras formas de una nueva especie: el Homo sapiens. Con el tiempo se diferenciarían dos subespecies: el Homo sapiens neanderthalensis y el Homo sapiens sapiens. En Alemania se encontró un fósil preneandertalense de al menos 200.000 años y en Israel se ha encontrado un fósil de hace unos 100.000 años antecesor del Homo sapiens sapiens, en compañía de restos neandertalenses y de los últimos vestigios de Homo erectus, que se extinguió hace unos 90.000 años. Con la aparición del Homo sapiens se inicia el Paleolítico Medio.
La capacidad craneal del Homo sapiens triplicaba a la del Homo habilis. En un primer momento, las diferencias entre las dos subespecies de Homo sapiens eran pequeñas, al igual que las diferencias culturales respecto al Homo erectus. No obstante, al principio de la cuarta glaciación, hace unos 80.000 años, encontramos ya una cultura neandertal claramente definida. Entre sus nuevas costumbres se encontraba la de enterrar a los difuntos, y entre sus nuevas habilidades, la fabricación de flechas.
El Homo sapiens se extendió por Europa, Asia y África. Cazaba todo tipo de animales y se adaptó con eficiencia a cada medio ambiente. Hace unos 40.000 años, el Homo sapiens sapiens se convirtió en el primer poblador humano de Australia. Hace unos 35.000 años empezó a manifestar su superioridad cultural frente al hombre de Neandertal, dando inicio así al Paleolítico Superior. A esta época corresponden los restos más antiguos conocidos de arte prefigurativo (incisiones y marcas decorativas en hueso y en piedra). Asimismo, se desarrolla el lenguaje articulado.
Hace unos 25.000 años se extinguió el hombre de Neandertal, con lo que el Homo sapiens sapiens pasó a ser la única especie humana sobre la Tierra. Aparte de mínimas diferenciaciones raciales, no se ha producido ninguna evolución fisiológica importante desde entonces. La extraordinaria evolución del hombre ha sido puramente cultural. Hace al menos 23.000 años el hombre pobló América por primera vez. Accedió a ella desde Siberia, cruzando un estrecho de Bering seco o helado. Así, el hombre no tardó mucho en poblar prácticamente la totalidad de la Tierra.
Las glaciaciones
Durante el Período Pleistoceno (que comenzó hace un millón de años y duró hasta hace 25 mil años, aproximadamente), grandes extensiones de tierra se cubrieron con una inmensa capa de hielo, fenómeno que recibe el nombre de glaciación. En algunos periodos el clima se hizo más cálido y el tamaño de las capas de hielo se redujo. Estos periodos se conocen como interglaciaciones.
La glaciaciones en Europa fueron cuatro y reciben los nombres de Günz (la más antigua), Mindel, Riss y Würm. En América, las glaciaciones se denominan Nebraska, Kansas, Illinois y Wisconsin.


El extinguido Homo neandertalensis fue creador de una desarrollada, hermosa y compleja “industria” lítica.
Recreación de una madre y su hijo, de la especie Homo sapiens sapiens primitivo.

El mesolítico 

Hace unos 20.000 años, durante la cuarta y última glaciación de la Era Cuaternaria, el hombre vagaba por la Tierra en busca de caza y recolectando frutos allí donde los hallaba. Cuando un grupo humano llegaba a una zona rica en caza o en vegetación comestible, establecía campamentos temporales hasta agotar los recursos, pero algunos se encontraron con parajes especialmente fértiles, hasta el punto de que se regeneraban antes de ser agotados, de modo que poco a poco fueron surgiendo campamentos estables o poblados dedicados a la caza y la recolección. Así fue como el hombre se hizo sedentario.
La vida en poblados estables supuso un cambio cultural importante. Se abre así una última fase del Periodo Paleolítico conocida como Mesolítico. La cultura mesolítica solo empezó a ser representativa desde hace unos 12.000 años, momento en el que se considera que empieza el último periodo de la Era Cuaternaria: el Holoceno. De esta época se conservan poblados palestinos con cabañas circulares semisubterráneas de madera, adobe y piedra.
En el noveno milenio terminó la cuarta glaciación. La cultura mesolítica se extendió desde Palestina hasta Siria siguiendo la fértil media luna (extensa faja de tierra entre el mar Mediterráneo por el oeste y el actual golfo Pérsico por el este). Mientras el noreste de África permaneció en estado mesolítico durante varios milenios, en el Oriente Próximo se produjeron cambios relativamente rápidos.

La revolución neolítica 

Con la aparición de la agricultura y la ganadería entramos en la segunda etapa de la Edad de Piedra: el Neolítico. Por aquel entonces, la Tierra debía contar con alrededor de ocho millones de habitantes. En el año 8.000 se descubrió la cerámica en el Sahara y en Siria independientemente. No obstante, el labrado de la piedra también se perfeccionó. De hecho, la denominación paleolítico/neolítico marca el tránsito de la piedra tallada a la piedra pulimentada, si bien no es esta la diferencia más significativa entre ambas culturas, sino la aparición de la agricultura y la ganadería.
Hacia el 7.500 se empezó a cultivar el trigo en Jericó, y se domesticaron el cerdo y la cabra. Por esta época la agricultura y la ganadería llegaron a la Alta Mesopotamia. Hacia el año 7.000, en Palestina las viejas cabañas circulares habían sido sustituidas por casas de planta rectangular, subdivididas en habitaciones y con las paredes y el suelo cubiertos de arcilla.
Durante el séptimo milenio la densidad de población aumentó notablemente. Se domesticó al buey. La agricultura se extendió por la península de Anatolia (Turquía). Hacia el año 6.500 encontramos una agrupación de pueblos de cerca de 6.000 habitantes, con casas y santuarios de ladrillo crudo y frescos de divinidades femeninas y toros. A finales del milenio aprendieron a fundir el cobre para fabricar adornos, puntas de lanza y objetos diversos, pero el metal era escaso y el descubrimiento no tuvo muchas repercusiones.
Al comienzo del sexto milenio las técnicas agrícolas se habían perfeccionado en la zona occidental de la fértil media luna. Se inventó la hoz, la azada, etc. La cerámica se extendió desde Siria por ambos “cuernos” de la fértil media luna. El Éufrates y el Tigris suministraban excesiva agua en primavera y poca el resto del año, por lo que en su entorno se formaron grandes aldeas de obreros que construyeron presas y canales para almacenar y distribuir el agua.
El quinto milenio 
A lo largo del quinto milenio la cultura neolítica se expandió y consolidó por Europa, Asia y África. La prosperidad fue tal, que en este periodo la población mundial pasó de unos 10 millones de habitantes hasta casi 50 millones. En Europa y África central surge la cultura megalítica, caracterizada por la construcción de grandes monumentos de piedra. En Grecia se desarrolló la navegación por el Egeo, que llegó hasta la isla de Creta. En Asia la agricultura continuó extendiéndose lentamente por el valle del río Indo.

El conocimiento de la prehistoria ha sido sumamente difícil, ya que como la escritura solo surgió a fines del cuarto milenio antes de Cristo, no hay registros de épocas anteriores. Por esto, los investigadores se han basado exclusivamente en fuentes arqueológicas; es decir, en el estudio de los escasos restos materiales de las sociedades prehistóricas: armas y útiles de piedra y hueso, pinturas y objetos artísticos, piezas de cerámica, huesos de animales o de hombres, la forma de enterrar a sus muertos, etc.
Para conocer la edad o antigüedad de los restos se utiliza el método estratigráfico, que consiste en el estudio de los estratos (capas o niveles) del terreno en los que aparecen los restos, cuya edad se conoce a través de la estructura geológica -composición de la tierra- y del yacimiento -disposición de cada uno de los estratos.
También se efectúa un estudio evolutivo de los objetos y un análisis físico con elementos radiactivos, como el carbono 14, el flúor, los pares de potasio-argón, torio-iridio, etc.

Organizando el pasado

Para ordenar el proceso evolutivo del hombre durante tantos miles de años, se han establecido períodos o etapas dentro de la prehistoria, en base a las costumbres y conocimientos existentes en cada momento.
La división tradicional de la prehistoria, definida por John Lubbock y Christian Jürgensen Thomsen, describe las etapas sucesivas del Paleolítico o Edad de la Piedra Tallada, Neolítico o Edad de la Piedra Pulimentada y la Edad de los Metales -cobre, bronce y hierro.
Otros criterios de periodificación son el de Lewis Henry Morgan, que denominó Salvajismo al Paleolítico, Barbarie al Neolítico, Calcolítico a la Edad del cobre y Civilización a la Edad del bronce antiguo; y el de Vere Gordon Childe, que distinguió entre el Salvajismo (Paleolítico), Revolución agrícola (Neolítico) y Revolución urbana (Edad de los metales).

Nuestros antepasados

Se estima que el Universo nació hace unos 15 mil millones de años. Sin embargo, la historia del hombre es muchísimo más breve. Nuestros antepasados, los primates, surgieron más de 70 millones de años atrás, al evolucionar desde los mamíferos insectívoros.
El primate más antiguo que se ha encontrado es el denominado Purgatorius, de Norteamérica, que tiene 70 millones de años y fue encontrado en las Montañas Rocosas en Estados Unidos. Esta especie fue la única que convivió un breve tiempo con los últimos dinosaurios de finales del período Cretácico.
Los primates desarrollaron varias características que permitieron su evolución hasta el hombre actual. Su visión era similar a la nuestra -binocular, capaz de apreciar relieves y formas a distancia-; tenían el cerebro mucho más grande que otros mamíferos placentarios -aquellos cuya gestación es en el útero materno-; sus extremidades posteriores se adaptaron para el desplazamiento, mientras los miembros delanteros se especializaron en la manipulación de objetos; podían caminar en dos y cuatro patas.
Hace unos 40 millones de años aparecieron los monos llamados antropoides -de la palabra anthropoidea, que en griego significa, semejante al hombre- en Norteamérica o Eurasia, desde donde emigraron hacia otros continentes. Se dividían en dos grupos: los catarrinos, distribuidos en África y Asia, y los platirrinos, ubicados en América Central y Sur. Los dedos de sus manos po-seían uñas, en vez de garras, y una gran movilidad para sujetar y manipular objetos.
El mono platirrino más antiguo que se conoce se descubrió en la zona central de Chile, tiene 20 millones de años y fue denominado Chilecebus carrascoensis.
Hace unos 35 millones de años un grupo de primates se desarrolló para formar otra familia, la hominoidea -que en latín también significa ‘semejante al hombre’- o de los homínidos, que se caracteriza por no tener cola. Sus antiguos representantes, los pliopitécidos, se extinguieron hace 15 millones de años. Después aparecieron los póngidos (orangutanes, gorilas, chimpancés, etc.), 25 millones de años atrás.
Los primeros homínidos eran relativamente pequeños, alrededor de 1.20 a 1.40 metros, su cerebro pesaba unos 425 gramos. Eran parecidos a los actuales chimpancés; sin embargo, la relación cerebro-masa corporal pudo ser el doble de la del chimpancé que conoces y cuatro veces la de un gorila. El parecido más claro de los primeros homínidos con nosotros era que habían adoptado una posición erguida para desplazarse.
Actualmente encontramos póngidos en los bosques tropicales de África y Asia, aunque antiguamente también habitaban en Europa. Estas especies eran de mayor tamaño, como el gigantophitecus, que llegó a tener tres metros de longitud y vivió hace 15 mil años en China y la India.
La desaparición de los dinosaurios
Unos cinco millones de años antes de la aparición de los primates, un gigantesco meteorito impactó la Tierra. Aproximadamente el 65 por ciento de la vida desapareció en un período breve, incluso los grandes dinosaurios. Desde 1980 se han acumulado pruebas del impacto de este meteorito. La colisión se produjo en el mar y atravesó unos 200 metros de la corteza terrestre. Ocasionó una explosión que lanzó toneladas de material y polvo a la atmósfera, bloqueando los rayos solares durante un largo período, cortando el proceso de la fotosíntesis de las plantas. Enormes incendios se esparcieron por el planeta y después vino un invierno nuclear. Este proceso pudo haber durado miles o millones de años. Solo sabemos que la vida en la Tierra cambió bruscamente.
Los pequeños mamíferos que durante millones de años corrieron entre las patas de los dinosaurios, llevando una vida crepuscular o nocturna para sobrevivir, superaron la catástrofe y en un lapso relativamente corto dominaron los nichos dejados por los dinosaurios y otras criaturas. Si esto no hubiese ocurrido, es probable que nuestro destino como una especie más en la cadena de la vida, jamás hubiera sido posible.
cabeza
Cabeza de terracota hecha durante la primera etapa del Neolítico.
bisonte
Bisonte tallado en un asta de reno, hallado en la cueva de La Madeleine, en Dordoña (Francia). Por la posición de la cabeza, parece que el animal se está lamiendo el lomo.

El nacimiento del hombre

Los primates evolucionaron por mucho tiempo, hasta llegar al género Australopithecus, que son los homínidos más cercanos a nuestro género el Homo.
El 25 de octubre de 2000 en Kenia, un grupo de paleontólogos kenianos y franceses descubrieron los restos más antiguos encontrados de nuestros ancestros, un homínido de seis millones de años de antigüedad.
Actualmente se han identificado varias especies diferentes, agrupadas baja la denominación australopitecinos: el Australopithecus ramidus, anamensis, afarensis, africanus, robustus, graciles, bahrelghazali, boisei yaethiopicus. Estos habrían aparecido aproximadamente 4,5 millones de años atrás, extinguiéndose hace menos de un millón de años. Como los hallazgos de restos de homínidos se concentran en África oriental y meridional, se cree que fue en ese continente donde se desarrollaron.
Hace dos millones de años, una de las variaciones de los homínidos se parecía más al ser humano que a los Australopithecus. Se trata del denominado Homo habilis -hombre hábil-. Los hallazgos arqueológicos indican que medían un metro, tenían brazos muy largos, una cabeza mucho más redondeada y un cerebro mayor. Los huesos del cráneo eran más delgados, las manos eran semejantes a las nuestras, y los pies, como los actuales. La mandíbula era menos maciza, por lo que ya no se parecían tanto a los simios.
El Homo habilis fue la primera especie con un cerebro lo bastante desarrollado como para ser capaz de dar forma a una piedra: la golpeaba para dar forma a herramientas útiles. Fue el primero que uso plenamente sus manos. Pudo haber sido más cazador que recolector.
Alrededor de 1.600.000 años atrás, apareció el Homo erectus -hombre erguido-. Fue el primer homínido corpulento y pesado, como los hombres actuales. Podían alcanzar 1,8 metro de alto y pesar unos 80 kg. Tenían un cerebro más grande, que les permitió crear útiles de mayor calidad y ser grandes cazadores.
Se cree que la desaparición de los australopitecinos se debe a la dura competencia por conseguir alimentos que sostuvieron con los H. habilis y los H. erectus, que contaban con útiles herramientas y una mayor inteligencia, que les pudo haber permitido trabajar en equipo. Es probable que el Género Homo haya exterminado a sus predecesores.

Las glaciaciones y el poblamiento global

La situación climática y física de la Tierra cambió drásticamente hace 600 mil años, cuando inmensas masas de hielo cubrieron gran parte de los continentes, iniciándose la primera de una serie de eras glaciales.
Cuando los glaciares estaban en su máximo apogeo, el nivel de las aguas descendió unos 90 metros, dejando aflorar plataformas continentales en las zonas costeras, que funcionaron como puentes que permitieron el traslado del H. erectus, probablemente persiguiendo manadas de animales, desde África a Asia, y de allí al archipiélago indonesio en el océano Pacífico.
El frío los obligó a adoptar nuevas costumbres. Durante las noches ya no podían permanecer sobre un árbol o en el suelo, como seguían haciendo los póngidos. Comenzaron a construir refugios con piedras o colgando pieles de un palo. Si encontraban una cueva apropiada, se refugiaban en su interior, protegiéndose de la lluvia, la nieve y de la fuerza del viento.
Fue justamente al interior de las cuevas donde se han encontrado restos de H. erectus y de las primeras fogatas. El uso del fuego, que diferencia al Género Homo de todos los demás organismos, les permitió la cocción de los alimentos, con lo que la carne se volvía más tierna y mejoraba su sabor -probablemente descubrieron esto al comer animales que se habían quemado durante un incendio-, y se hacían comestibles algunos alimentos vegetales que de otro modo eran difíciles de ingerir.
Además, como el calor mata parásitos y bacterias, la cocción debió tener efectos positivos en su salud.

Nuestros parientes directos

Hace 300 mil años, los homínidos se habían desarrollado tanto que no solo igualaban a los hombres actuales en peso total, sino también en el cerebral. El primer vestigio de ellos se halló en 1856 en el valle de Neander, en Alemania, por lo que fueron llamados hombres de Neanderthal.
Sus cráneos eran menos humanos que los nuestros, ya que tenían protuberancias sobre los ojos, dientes anchos, mandíbulas salientes, la frente inclinada hacia atrás y la barbilla ligeramente hundida. Eran más bajos, robustos y musculosos que nosotros.
Como se asemejaban tanto al hombre actual, excepto en el cráneo, fueron considerados de nuestra especie con el nombre de Homo sapiens neanderthalensis -que en latín significa ‘hombre sabio’-.
Los H. erectus se extinguieron o talvez fueron aniquilados por la nueva especie -que era más inteligente y fuerte- entre 300 y 200 mil años atrás.
Los neandertales se trasladaron a Europa, vivieron durante los períodos glaciales, cazaron al mamut, el rinoceronte lanudo y el oso gigante de las cavernas, y supieron cómo encender el fuego. Sus útiles de piedra eran más variados, elaborados y precisos.
Estos hombres también fueron los primeros en enterrar a sus muertos. El hecho de que los quisieran proteger de ser devorados por los animales -ya que los homínidos anteriores abandonaban los cuerpos donde caían- ha sido interpretado como una valoración de la vida y una muestra de los afectos, ya que prestaban atención y cuidado a los individuos incluso después de la muerte. Con frecuencia se enterraban alimentos y flores con el difunto, lo que puede significar que de algún modo creían que la vida continuaba después de la muerte.
Cerca de 50 mil años atrás, aparece el hombre más parecido a nosotros, cuyo nombre científico es Homo sapiens y que es conocido como hombre de Cro-Magnon -por la localidad francesa donde fueron hallados restos de ellos en 1868-. Eran más altos, esbeltos y menos musculosos que los neandertales. Sus cerebros eran algo más pequeños, pero mayores en la parte frontal. Esta característica permite creer que poseían mayor capacidad intelectual y estaban en mejores condiciones para desarrollar un pensamiento abstracto y un lenguaje elaborado.

El hombre actual

Las dos variedades de Homo sapiens coexistieron durante 20 mil años. Aunque pudieron mezclarse ocasionalmente, hace 30 mil años los neandertales habían desaparecido. De ahora en adelante, ya no nos referiremos a homínidos sino a personas o seres humanos pertenecientes a la especie Homo sapiens sapiens.
Respecto a su distribución geográfica, se cree que hace más de 25 mil años migraron -desde África, Asia, Europa y algunas islas próximas a la costa-, aprovechando el descenso de las aguas a causa de las glaciaciones. De esta manera poblaron toda América, hasta Tierra del Fuego, y Australia, incluida Tasmania, isla situada frente a su costa sudoriental. La Antártida fue la única masa continental que permaneció inhabitada hasta la época contemporánea.
La última edad del hielo terminó hace unos 10 mil años, con lo que el clima se hizo más templado. Crecieron de nuevo los árboles y reaparecieron los bosques. Al mismo tiempo, desaparecieron los mamuts.
Con todos estos cambios del entorno, y producto de la distribución de la población por todo el planeta, lo que implicaba hábitat distintos -sol o hielo, bosque o llano, humedad o sequedad, altura y latitud-, alimentación diferente y herencia genética variada, se produjo una diversificación étnica.
La distinción entre una raza y otra probablemente se produjo entre el 8.000 y el 4.000 a.C., con diferencias de altura y proporción, estructura facial y color de piel, matices y contextura del cabello.

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