Paraulata

El término paraulata es, según el Diccionario de la Real Academia Española, una voz venezolana que se aplica a un «ave semejante al tordo y del mismo tamaño» (Real Academia, 2001, Tomo II, p. 1679). El origen de la palabra no se conoce con certeza. Algunos, como por ejemplo el famoso filólogo venezolano de origen polaco Angel Rosenblat, le otorgaban una procedencia indígena (Rosenblat, 1974 [1956], Tomo IV, p. 120). Otros, comenzando por Julio Calcaño, han dicho que vendría de la voz catalana «paraula, palabra», habiendo sido bautizada con ella «un tordo ceniciento que charla, canta y silba, al modo del arrendajo» (Calcaño, 1950 [1896], p. 418).
Como sucede con frecuencia con los nombres comunes de muchas aves ninguno de estos dos términos se refieren a especies de una sola familia. Por ejemplo, el nombre de paraulata utilizado en Venezuela, si bien designa en lo esencial a los miembros de la familia Turdidae, como lo es la Paraulata ojo de candil (Turdus nudigenis), se le ha dado asimismo a algunas aves de la familia Mimidae, como la Paraulata llanera (Mimus gilvus) y la Paraulata de agua (Donacobius atricapillus). En cuanto al nombre de tordo se aplica, tanto en España, Portugal e Italia como en varios países latinoamericanos, a muchos de los miembros de la familia Turdidae, en particular los del género Turdus, palabra latina de la que, como es obvio, proviene tordo (Real Academia, 2001, Tomo II, p. 2196), pero en Latinoamérica se utiliza igualmente para designar a algunos miembros de la familia Icteridae a la que pertenece el Turpial, nuestra ave nacional, como lo son el Tordito negro (Quiscalus lugubris), el Tordo pirata (Molothrus oryzivora), el Tordo mirlo (Molothrus bonariensis), el Tordo pechirrojo (Sturnella militaris), el Tordo maicero (Gymnomystax mexicanus) y el Tordo arrocero (Dolichonyx oryzivorus).
Para aumentar la confusión, en Europa y América a varios miembros de la familia Turdidae también se les dice, entre otras denominaciones, Mirlo, Zorzal y Petirrojo, no siendo de extrañar entonces que a nuestra Paraulata ojo de candil se le conozca en Colombia como Tordo ojo de candil y en Ecuador como Mirlo ojipelado. Lo de ojo de candil y ojipelado viene de su marca más característica que permite al observador de aves su identificación precisa, representada por su «anillo ocular ancho, desnudo», carente de plumas, que para algunos es amarillo (Deery, 1999 [1954], p. 64), para otros anaranjado (Phelps y Meyer, 1979 [1978], p. 340) y para los más eclécticos amarillo-anaranjado (Hilty, 2003 [2002], p. 711; Restall, 2007 [2006], p. 620), si bien es posible que todos tengan razón ya que la tonalidad al parecer dependería de la mayor o menor luminosidad que haya y de su ángulo de incidencia para el observador. Este aro le da también sus nombres en inglés de Bare-eyed y Yellow-eyed Thrush, equivalentes en Venezuela a Paraulata ojipelado y Paraulata ojiamarillo respectivamente, así como el de Merle à lunettes en francés, que es Paraulata de anteojos. A lo mismo se refiere el epíteto nudigenis de su nombre científico, que se traduce como «de mejillas desnudas», por cierto mucho menos preciso que su anterior epíteto de gymnophthalmus, que significa justamente «ojidesnudo» u «ojipelado» (Jobling, 1991, p. 163 y 101).
Aunque haya poca luz directa y esté semioculta entre el follaje no habrá duda acerca de la identidad del ave si, como sucede en este caso, está a la vista su gran aro ocular. Lo que come este ejemplar es el fruto de un ficus (Fotografía tomada por Eduardo López)
La familia Turdidae es bastante numerosa y extendida ya que cuenta con 336 especies distribuidas en todos los continentes, excepto la Antártida, habiéndose originado su estirpe «en el este de Asia» (Clement y Snow, 2006 [2003], p. 478) e irradiado desde allí hacia el resto del mundo. En cuanto al género Turdus, al cual pertenece la Paraulata ojo de candil, es el más numeroso de la familia, contando con 70 especies, 34 de ellas en América, de las cuales «todas menos una están presentes en el Neotrópico», es decir, en América Latina y el Caribe, habiéndose afirmado que «indiscutiblemente es el género más exitoso de la familia y tal vez el más exitoso de todos los géneros passeriformes en el mundo» (Collar, 2005, p. 517).
En Venezuela tenemos 20 especies de paraulatas, la mitad de ellas del género Turdus, ubicándose la simpática Paraulata ojo de candil entre el Orinoco y los Andes. También se le encuentra al este de Colombia y el noreste de Brasil, así como en Guyana, Suriname y la Guayana francesa, lo mismo que en las islas de Trinidad y Tobago y algunas de las Antillas menores como Grenada, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Martinica, extendiéndose recientemente también hacia Dominica y Guadalupe (Levesque y Jaffard, 2002, p. 3). En todo su rango geográfico suele ser bastante conocida ya que no acostumbra habitar dentro de los bosques sino en sus bordes, gustándole especialmente «las áreas semiabiertas con arboledas dispersas» (Hilty, 2003 [2002], p. 711), lo mismo que las áreas urbanas y suburbanas, pudiéndosele ver «en árboles o en la grama de jardines y parques» (Flushing et al, 2006, p. 99) e incluso en los comederos artificiales, según se comprueba en las fotos que siguen.
Este ejemplar muestra en su pico una gota del agua que tomó del porrón de un nenúfar ubicado en el pequeño jardín de mi casa de habitación en la urbanización San Bernardino de Caracas (Fotografía tomada por Eduardo López)
Bibliografía citada
Alvarado, Lisandro. 1984 [1927]. «Glosarios del bajo español en Venezuela». En: «Obras completas». Tomo I. La Casa de Bello. Caracas.
Blanco Fombona, Rufino. 1907. «El hombre de hierro». Tipografía Americana. Caracas.
Calcaño, Julio. 1950 [1896]. «El castellano en Venezuela. Estudio crítico». Ministerio de Educación Nacional. Caracas.
Caula, Sabina A. y Luis E. Levi. 2000. «A vuelo de pájaro. Manual para convivir con las aves en la ciudad». Universidad Central de Venezuela. Caracas.

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